Les quedó grande La Moneda

La política no es ni puede llegar a ser nunca una improvisación. Gobernar un país como Chile, con sus complejidades y desafíos, requiere liderazgo, claridad de propósito y capacidad de gestión. Lamentablemente, el gobierno del presidente Gabriel Boric ha demostrado una y otra vez que carece de estos atributos esenciales, dejando a millones de chilenos en un túnel sin salida. A casi dos años de asumir su mandato, se evidencia que La Moneda les quedó grande.
La educación: una promesa rota
Una de las mayores decepciones es el manejo de la educación. Mientras el gobierno presume sobre un aumento presupuestario para la educación superior, ignora las graves deficiencias en la educación primaria. Las escuelas públicas siguen sufriendo precariedades que afectan directamente a los sectores más vulnerables. El énfasis en la educación superior, si bien importante, no puede ser prioritario cuando la base del sistema está tan deteriorada. ¿De qué sirve aumentar las becas universitarias si los estudiantes llegan a esos niveles con profundas carencias en habilidades básicas como la lectura? Este enfoque da cuenta no solo una falta de planificación, sino una desconexión alarmante con las necesidades reales del país.
La crisis en la salud pública
Otro punto crítico es la salud pública. Las listas de espera siguen siendo una preocupación nacional, y por qué no decirlo una vergüenza como país que sigue afectando a miles de personas con necesidad de tratamientos que tienen en jaque sus vidas. Mientras tanto, el gobierno parece más interesado en discursos ideológicos que en soluciones concretas para un sistema que colapsa. No hay una estrategia clara para enfrentar la falta de especialistas, los problemas de infraestructura hospitalaria o la burocracia que paraliza el acceso a servicios básicos.
La inseguridad desbordada
Chile atraviesa una de las peores crisis de seguridad de su historia, y el gobierno hasta ahora, parece incapaz de enfrentarla. Los delitos violentos y el narcotráfico han ganado terreno, pareciera que más de lo que podemos llegar a imaginar. En lugar de articular una estrategia integral que involucre prevención, modernización policial y fortalecimiento de la justicia, el gobierno pareciera que solo reacciona.
El caso del ex subsecretario Manuel Monsalve: símbolo del caos
El pésimo manejo del caso del subsecretario del Interior, Manuel Monsalve, es la guinda de la torta. La descoordinación y los mensajes contradictorios entre el gobierno y sus propios funcionarios reflejan una administración desorganizada, sin un rumbo claro ni un control efectivo. Cuando se trata de enfrentar crisis de esta magnitud, la respuesta debería ser contundente y coordinada. En cambio, este episodio dejó en evidencia la falta de cohesión interna en el gobierno y la debilidad de su conducción política.
Un gobierno sin norte
Más allá de estos casos puntuales, el principal problema del gobierno de Boric es la ausencia de una visión clara y coherente para el país. El exceso de énfasis en lo simbólico y las disputas ideológicas internas han paralizado la capacidad de gobernar. En lugar de resolver los problemas concretos que afectan a los ciudadanos, el gobierno parece estar más preocupado por mantener su narrativa política que por asumir su responsabilidad como administración.
No han cumplido ni con el discurso esperanzador, ni con los cambios sociales profundos, menos dado respuesta a las necesidades reales de los ciudadanos.
Lo cierto es que Chile merece más, los problemas que enfrenta nuestro país no se resuelven con discursos ni buenas intenciones; requieren acción, estrategia y una conexión genuina con las prioridades de la ciudadanía. A estas alturas, queda claro que La Moneda les quedó grande.

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