Estamos ad portas que se cumplan cinco años desde el 18 de octubre de 2019, fecha que marcó el inicio de una serie de acontecimientos que sacudieron profundamente a Chile. Durante 165 días, el país fue testigo de una oleada de disturbios, dejando a su paso no solo destrucción material, sino también profundas cicatrices sociales. Más de 5.000 carabineros resultaron heridos, se perpetraron 540 ataques contra cuarteles policiales, y más de 1.100 vehículos de la institución fueron destruidos. En total, se registraron más de 16.000 actos de violencia, que incluyeron la quema de estaciones de metro, iglesias y comercios, así como la devastación de infraestructura pública.
En medio de este caos surgió un fenómeno inédito: la «primera línea», un grupo delictual que fue incluso homenajeado en la sede del Congreso Nacional en Santiago, reflejando la compleja polarización que vivió la sociedad chilena. A esto se suma la controvertida decisión del Presidente de la República Gabriel Boric de indultar a miembros de este colectivo, mientras el Ministerio Público aún no ha tomado medidas contundentes para sancionar los crímenes cometidos durante este período.
Lo sucedido en esos meses representa un hito indiscutible en la historia reciente de Chile, y será objeto de análisis por parte de sociólogos, historiadores y diversas organizaciones sociales, surgidas a raíz de esta crisis social. Sin embargo, todo este esfuerzo será en vano si caemos en la trampa de la memoria selectiva. Por un lado, es imperativo que nunca más permitamos que ciertos sectores políticos continúen justificando la violencia como un método legítimo de acción política; y, por otro, que se fortalezca de manera urgente -con respaldo político al uso racional de la fuerza- a Carabineros de Chile, la única institución capaz de garantizar, de forma sostenida en el tiempo, el estado de derecho.
Este es un momento crucial para la reflexión colectiva, donde debemos aprender de los errores del pasado y evitar que la crisis vuelva a repetirse. Solo a través de un compromiso genuino con la paz social y el respeto a las instituciones podremos construir un futuro más estable para todos los chilenos.

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