Crimen y Castigo

Ya hace más de 150 años que Dostoyevski nos hacía reflexionar sobre las clases sociales más allá de la división a partir de los acaudalados patrimonios, mostrándonos que a partir de ese estatus podía derivar también un derecho al castigo sobre las clases menos pudientes. Al menos así lo interpretaba Rodión, el protagonista.


Ya en este siglo, no hasta hace mucho la discusión sobre las penas hacia los delitos de cuello y corbata no existía, esto en términos de proporcionalidad al daño provocado. Estaba normalizado el pedir castigo ejemplar a quien roba una bicicleta, pero no a quien robaba miles de millones de un Municipio, y que por ese acto dejaba sin beneficios sociales a otros miles de ciudadanos.


El perdón social asociado al no sentir la pérdida de manera directa (desde el propio bolsillo), era evidente, y de alguna forma u otra, aún lo es. 


Hoy sí es más frecuente ver que se pidan penas del infierno para delitos políticos, pero siempre y cuando quien sea responsable del crimen no sea del lado ideológico por el cual se emitió el voto, apostando los imputados a que las clases de ética no pierdan la vigencia.


Esta evolución no ha sido sencilla, de hecho no ha ocurrido en todo el ámbito de la transparencia, pues hay aún grupos de poder que se niegan a transparentar, por ejemplo, sus cuentas bancarias, situación que en lo particular avalo desde que es innegable la relación entre el poder, el dinero y los grandes delitos.


No era que ¿quién nada hace, nada teme?


Si leemos entre líneas, al final del día la discusión es: qué se castiga y a quién se castiga. Que crímenes se castigan más y cuales no tanto.


En lo personal, no sé en qué momento la sociedad perdió la brújula ocupándose más de ser una orgánica inquisidora bajo parámetros morales variables, que el buscar las reales razones para desde ahí evitar que los crímenes ocurran.


O mejor dicho, que los criminales no surjan.


Al parecer, la necesidad de avanzar rápido hacia el desarrollo económico hace que nos olvidemos de que para llegar a dicho desarrollo, la participación fue de todos, por lo que no disfrutar transversalmente de sus regalías es al menos injusto. Y que yo sepa, esto no es un ascenso al Everest de aquellos en donde un grupo limitado llega a la cima, mientras otros se van quedando en el camino pero que fueron necesarios para alcanzar el éxito del proyecto. Así y todo, el reconocimiento es para el grupo completo.


En la actual sociedad se asoma Rodión con los “sacrificables” para el beneficio de los “superiores”, ya que no se ve por ningún lado una propuesta de política de fondo que busque no llegar a tener ciudadanos desechables.


¿Dónde están las soluciones para que un niño o una niña no se vea empujado a ser parte de una banda de narcotráfico, si es la única realidad que ve en su barrio?


¿Dónde están los incentivos efectivos para la juventud que no quiere ser ni ingeniero, ni abogado, ni médico?


¿Dónde está la justicia que castiga de forma proporcional a quienes le quitan dinero a la salud pública cuando desfalcan al Estado?


A la fecha, hay candidaturas de derecha e izquierda ofreciendo cárceles y penas de muerte, además de deportaciones a seres humanos “ilegales”. Idea que claramente no están pensadas para sus pares.


No hay que ser adivinado para saber que esto es el inicio, pues no cuesta nada correr la línea de lo bestial para ir retrocediendo hacia las purgas en defensa propia.


De hecho ya vemos campañas con candidaturas con prácticas de tiro. Más castigos sin preguntarse porque llegamos hasta aquí.


¿Mañana que puede ser? No lo sé, pues dependerá de la imaginación de la candidatura de turno, total la línea ya se habrá traspasado. Una cada vez más rojo sangre.

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