Muchas críticas surgieron ante la respuesta del Gobierno y del sector privado tras el apagón que afectó al país el martes 25 de noviembre. Si bien ahora es momento de comprender las razones técnicas de la falla en la línea de transmisión y determinar responsabilidades, el apagón ocurrió en un contexto de importantes avances en descarbonización, transición y seguridad energética, que han posicionado a Chile como líder en la región.
Según el estudio «Connecting with Eco-Conscious Consumers» de Kantar (2022), a nivel global, la segunda mayor preocupación ambiental de los consumidores es la seguridad energética. Las economías del mundo se están digitalizando rápidamente, lo que incrementa la demanda de energía, mientras crece la presión por avanzar hacia fuentes más limpias, renovables y de baja emisión de gases.
A esta creciente demanda se suman los altos costos de generación. La descarbonización es costosa y, aunque a largo plazo reducirá significativamente los costos de producción y distribución de energía, su implementación inicial implica transformar un modelo basado en combustibles fósiles. Según el mismo estudio de Kantar, el alto costo de la energía ha llevado a los consumidores a buscar alternativas más eficientes y económicas. En Brasil, España, Singapur e incluso Alemania, más del 70% de los consumidores ha considerado instalar paneles solares en sus hogares.
En Chile las energías renovables como la solar y la eólica han aumentado su participación en la matriz energética, pero aún hay margen para acelerar la transición y alcanzar la neutralidad de carbono para 2050. En este proceso, la energía solar presenta ventajas sobre otras fuentes renovables, ya que su costo de producción ha disminuido un 80% en la última década, según el IPCC. Además, su alta eficiencia y adaptabilidad la hacen más accesible para los consumidores.
En 2022, el país logró por primera vez una mayor producción de energía solar y eólica que de carbón, marcando un hito en la transición energética consolidándonos como líder en energía limpia en Latinoamérica. Actualmente, cerca del 40% de la generación eléctrica proviene de fuentes renovables no convencionales (ERNC) y más del 20% del sistema depende de la energía solar. Los proyectos de ERNC a gran escala han reducido su impacto ambiental, y la tecnología es cada vez más accesible y asequible para los consumidores.
No obstante, aún queda mucho por mejorar. La falla en la línea de transmisión evidenció descoordinación en los modelos de respuesta ante crisis y mostró que, pese a los avances en transición energética, Chile todavía enfrenta desafíos en infraestructura y gestión. Alcanzar una red eléctrica con cero emisiones y aumentar la generación renovable requerirá fortalecer estos aspectos para garantizar un suministro seguro y sostenible.

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