Más carbón a la hoguera: Trump y el desafío ESG.

En los últimos años, el ESG (Environmental, Social and Governance) se ha posicionado como un enfoque clave para orientar las decisiones de distintas instituciones hacia la sostenibilidad. Sin embargo, este impulso se enfrenta hoy a una serie de desafíos estructurales y políticos que dificultan su eficacia real.

 

En 2022, The Economist publicó un artículo titulado «ESG: Three letters that won’t save the planet», que argumenta que, a pesar de su adopción y promoción por parte de grandes empresas y corporaciones, el concepto ESG se ha estancado en su objetivo de combatir los efectos de la crisis climática. Es más, la presión por adoptar criterios ESG ha llevado a muchas organizaciones a la confusión, cayendo incluso en acusaciones de greenwashing . El artículo propone focalizar los esfuerzos en la reducción de emisiones, involucrando a los gobiernos en el desarrollo de marcos regulatorios claros y estrictos, y avanzar en la estandarización global para facilitar el seguimiento y comparación de avances en materia de emisiones.

 

Pero la realidad tensiona aún más estos desafíos. Hace unos días, el presidente Donald Trump anunció medidas para aumentar la producción de carbón con fines de generación eléctrica, contraviniendo los esfuerzos internacionales por descarbonizar las economías. Esta decisión busca suplir la creciente demanda de energía provocada por el consumo de vehículos eléctricos, el crecimiento de la Inteligencia Artificial y el minado de criptomonedas, entre otras necesidades. Además, se argumentó la recuperación de fuentes de empleo minero como una razón de fondo.

 

Este anuncio es un reflejo de cómo la debilidad institucional afecta y desafía aún más al marco ESG, generando una tensión entre objetivos económicos inmediatos y compromisos a largo plazo con la sostenibilidad ambiental. La aplicación de ESG necesita marcos regulatorios claros y estables para su éxito. Las señales dadas por el gobierno de Trump tensionan estos marcos y la planificación de empresas e inversores ESG para evaluar riesgos y oportunidades.

El carbón es una de las fuentes más contaminantes, y su promoción contradice directamente los esfuerzos globales de descarbonización. A corto plazo, su producción es atractiva por su bajo costo frente a fuentes limpias, lo que puede incentivar financieramente a industrias intensivas en carbono y desincentivar la inversión, investigación y desarrollo de tecnologías sostenibles que sí cumplen con criterios ESG.

 

 

Pero esta tensión también plantea una oportunidad: consolidarse como referentes de liderazgo responsable y resiliente frente a la volatilidad política, los riesgos sociales, económicos y ambientales. Desde organismos internacionales hasta ciudadanos y consumidores seguirán premiando acciones sostenibles, y continuará existiendo una presión global por reducir emisiones.

 

Si bien los marcos ESG están bajo presión, su resiliencia dependerá de la capacidad de empresas, inversores y gobiernos para alinearse con una visión común: que la sostenibilidad no es una opción, sino una condición para la prosperidad futura. Las empresas e inversores ESG pueden liderar una narrativa significativa y diferenciadora sobre qué significa prosperar en un mundo donde la sustentabilidad sigue siendo vital, por su impacto ambiental, económico y social.

Una respuesta a «Más carbón a la hoguera: Trump y el desafío ESG.»

  1. Avatar de Francisco Cortes
    Francisco Cortes

    Muy buen análisis

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