Naya Fácil y la consolidación de las dinámicas del poder

Naya Fácil representa la crisis del liderazgo tradicional y la emergencia de nuevas formas de legitimación basadas en la emoción, la identificación y la accesibilidad.

Históricamente, el liderazgo se ha basado en instituciones, credenciales, experiencia y trayectorias de validación social. Sin embargo, la sociedad digital ha alterado este paradigma, dando paso a figuras que, como ella, construyen su autoridad no desde una formación tradicional, sino desde la autenticidad, la cercanía y la emocionalidad.

No proviene de una élite y no contaba inicialmente con una base de respaldo. Sin embargo, su influencia es masiva porque su liderazgo no es intelectual ni técnico, sino afectivo. Sus seguidores no la ven como una experta, sino como «una de ellos», alguien con quien pueden identificarse emocionalmente. Su discurso se construye sobre el reconocimiento de su propio sufrimiento y superación, generando una narrativa de «si yo pude, tú también puedes», lo que refuerza una relación emocional intensa con su audiencia.

Mientras las figuras de autoridad convencionales son cada vez más percibidas como distantes, los influencers representan una nueva forma de cercanía con el público. Usan el lenguaje de la gente común, comparte sus problemas cotidianos y no teme mostrar su vulnerabilidad. Este modelo de liderazgo es radicalmente opuesto al de las élites tradicionales, que solían construir su autoridad a través del distanciamiento y la exclusividad.

Sin embargo, y siguiendo a Byung-Chul Han, su ascenso representa una manifestación de las dinámicas del capitalismo digital, donde la autoexplotación, la economía de la atención y la hipertransparencia se convierten en los motores de la subjetividad contemporánea. Hemos pasado a una sociedad del rendimiento, en la que los individuos se autoexplotan en busca del éxito. Como influencer, no tiene límites claros entre lo privado y lo público. Su vida es su trabajo, y su imagen su principal activo económico. El sujeto de hoy no es un trabajador explotado por un sistema opresivo externo, sino un individuo que se autoexplota voluntariamente creyendo que se está liberando. La privacidad deja de existir, porque lo que no se muestra, no existe. En el caso de Naya Fácil, su vida se convierte en un espectáculo donde ella misma es el producto, pero también la víctima de su propia visibilidad. El poder contemporáneo ya no opera a través del control o represión, sino mediante el placer y la gratificación instantánea.

Asimismo, otra critica a su perfil, es la planteada por Michael Sandel. Su historia de éxito refuerza la idea de una meritocracia vacía, donde el ascenso social y económico parece depender exclusivamente del esfuerzo individual y no de factores estructurales. Ella se presenta como un ejemplo de superación, mostrando que cualquier persona, sin importar su educación formal, puede alcanzar la fama y la estabilidad económica. Pero, esta narrativa ignora el papel del azar y el funcionamiento del mercado digital, que favorece ciertos contenidos sobre otros.

Aunque a primera vista, ella podría parecer una figura disruptiva: una mujer que viene desde los márgenes, su éxito no desafía las estructuras de poder, sino que las reafirma. Su ascenso refuerza la idea de que la única forma válida de reconocimiento social es a través de la exposición extrema y la acumulación de seguidores. El sistema no destruye lo distinto, sino que lo absorbe y lo convierte en mercancía.

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